En los años ochenta se puso de moda, más bien se les hizo prestar atención a los estudiantes de Educación Media el concepto de actitud, como siempre se hablaba y se veía que en los organismos del Estado y para asumir cargo o enrolarse como servidor público siempre se revisaba si la persona era apta o no, entonces era; en ese momento, muy difícil de comprender el concepto y la importancia de la actitud.
Con el paso del tiempo se fue entendiendo, con más coerción porque hacía parte de la evaluación o algunos más diestros entendían en qué consistía, finalmente se minimizó en gran parte por la manera de actuar ante determinadas circunstancias; siquiatras y sicólogos lo asocian a inteligencia emocional, sea cual sea su acepción, las personas asumen un punto de vista y actúan en relación a las demás personas y ese paso o enfoque diferenciador es lo que permite que algunas personas sean más felices; otras con sólo hacer una maniobra estética, otros en grandes investigaciones, otros en grandes proyectos y malabaristas; grandes deportistas, empresarios y emprendedores.
El emprendedor entonces es resiliente, es como el atleta que supera el dolor, pero sobre todo y eh allí la gran diferencia es constante, si es constante, muy constante, por lo tanto, en su oficio es dedicado y disciplinado, no tan talentoso, eso lo adquiere cuando se entrena, la práctica hace al maestro.
Aprende a observar, muy importante observar pensando en la gente, en el mercado, en su entorno y sabe que ya no se trata de la edad, se trata de creer en lo que se desea, tener la fortaleza y persistencia de levantarse, de deconstruir, es decir, construir como las piezas del lego, quitarlas y volver a construir, hacer el molde o prototipo, someterlo al entorno, entrevistar a los exitosos o verdaderos expertos en su práctica.
En el mundo las grandes empresas y los verdaderos Centros de Desarrollo Tecnológicos se iniciaron en un garaje. Algunos escucharon emprendimientos en ferias empresariales y se apropiaron de la idea y la aplicaron a otro tipo de negocios, a muchos no les fue bien, a otros si, pero lo más importante es que aquellos que aprendieron a levantarse, sacudirse y avanzar, fueron, son y serán los grandes empresarios.
No necesitan tanto la erudición, tan solo el deseo de avanzar, cuando ya conoces el mercado, cuando ya has puesto a funcionar el prototipo, aprendes como orientarlo a otros entornos, entonces la actitud se orienta a la innovación.
Edinson, Rockefeller, Ford y Tesla, tienen en común su perseverancia; algunos cuestionados, por su forma de actuar, otros admirados como Gates y Jobs, se repusieron a la frustración y dejaron un legado importante a la humanidad.
Los actuales grandes emprendedores hacen uso adecuado de la tecnología y otros invierten grandes sumas en ella, pero no se le olvide, estimado lector, su idea no fue “como hechizada” (acto de magia de personaje de la televisión que aparecía, desaparecía y simulaba situaciones).
Constancia y dedicación los separó de los demás y ver más allá de lo que se venía dando y la oportunidad de actuar, el primero paso lo dieron con temor, muy seguramente no escucharon a los que no habían creado nunca nada y siguieron en su obstinación y denuedo, dando un gran paso para hacer de este mundo un lugar ideal para vivir.
Pocos no lo hicieron bien o para destruir, pero los que más se recuerdan es los que dieron su vida en el avance de la ciencia y la tecnología y los grandes empresarios que se hicieron proviniendo de hogares humildes.